Entre las tuberías
En silencio he permanecido durante varias horas, esperando en el enigma de mi propio pensamiento. Tengo entumidas las pantorrillas y aun el dolor físico me es insuficiente para desistir de mi deseo, pero el dolor en mi alma, es el que le ha puesto una algarabía de dudas a mi tímida empresa; incluso mi miserable fragilidad, de la cual nunca he hecho un secreto, ha comenzado a tornarme como la persona más ingenua.
Estoy aquí en la oscuridad de las tuberías de un sótano, solo escucho las gotas de agua caer desde un punto tan alto, hasta el fondo de esto que parece ser como un frío pozo.
Comenzaba ya a sentirme con apatía bostezando y sintiendo como la pereza caía en el flojo telar de mi sensación somnífera, pero me despertó por completo el rechinar de las llaves de agua de una regadera que se encuentra detrás de esta pared de tuberías.
Agua helada que cae en un escenario donde se bañara lo más sensual de la masculinidad. Oh! Si supieras, y sintieras lo que siento yo al verlo, a ese, el cardiaco síntoma de mi enferma y triste realidad.
Y a pesar de mi melancolía al no estar ahí con él, me hacen sentir tan bien los destellos plateados de las gotas que caen sobre su ser.
Le he visto anteriormente, no lejos de mí, como siempre me oculto, mientras con vergüenza yo bebo de mi vaso con agua, en cambio él de ojos vivos y sonrisa torcida, bebe firme de su copa de vino. ¡Y por desgracia yo se que a él le gustan infinidad de mujeres!, pero yo… Yo simplemente odio a los hombres. Él es valiente y lucha por obtener cosas nuevas, en cambio yo solo espero lo mas enfermo del mundo y tristemente también mi final.
Lo veo asearse, es tan preciso y bello como el agua cae por en medio de su espina dorsal, como el cristalino liquido acaricia todo su cuerpo tan bien definido, como el agua helada hace que sus poros se ericen y se abrace a sí mismo con sus fuertes brazos, como desearía ser yo la nada a la que abraza, quisiera ser la corriente que desboca en su ser que permanece calmo y estático como una roca, quiero ser los riachuelos de lluvia que corren por sus fracciones de hombre, por sus ojos tan vivos, la barba que apenas crece en su quijada y sobre sus labios dueños de la sonrisa torcida que tanto me sonroja, y me hace caminar en frente de él con el habla mocha y la mirada al suelo; simplemente ser yo quien cae sobre su hermoso cuerpo y que permanece en su alma.
Creado por los mismos dioses, construido por manos divinas, tan perfecto y tan bien balanceado en todo sentido, es tan estúpido seguir pensando, es tan psicológicamente claro que siempre le seré aborrecible: Un viejo fantasma ha despertado de nuevo alrededor de mí, es tan longevo que por un momento lo olvide, es el espectro y la idea de mi perfecta neutralidad…
Escucho ya sordas las gotas del agua, y veo su desnudez marchándose de este cuarto de baño, sus pasos descalzos dejan una música de nostalgia que se almacena en lo más profundo de mis sentidos, la canción que siempre suena en mis tímpanos que zumban del dolor de saber, que en mi vida tendré otras notas musicales que no sean las de la negación.
Entonces caigo abruptamente sobre mi espalda, y mirando los tubos sucios y mudos ante mi cobarde hazaña, tapo mi rostro con mis manos llenas de tierra, la maldita tierra que él pisa todos los días, y pienso en que ni siquiera conozco su nombre y en que a pesar de eso le conozco más íntimamente de lo que se conoce él mismo, es por eso que yo le he bautizado con un nombre sublime, Nuberus, un espíritu protector, que desgraciadamente no está conmigo y que a pesar de no protegerme me hace sentir ganas aun de despertar por las mañanas, aun a sabiendas de toda la tortura que sentiré al verle lejos por el resto del día, pero que aun así me hace dormir tranquilamente llenando mis sueños con eventos hermosísimamente desafortunados.
Siento un poco de envidia por este hombre tan naturalmente perfecto, y él no sabe y nunca sabrá sobre el intenso amor que siento por él.
Pienso en mis defectos, en los montones de disgustos por verlo con otras y todos los corajes que me he tragado, y si yo le hablara acerca de todo lo que siento, sé muy bien por conocerlo, que él solamente me vería moviendo su cabeza negándoseme con una melodiosa risa, pero entonces quizás, él me regalaría al menos una sonrisa… Oh! ¡Qué estúpida necedad de mi parte! ¡Y yo esta horrenda bestia que se retuerce de impotencia por dentro!… de no tenerlo…
Y lo siento a lo lejos, ignorante de mi mirada insistente, estoy escondido otra vez tras un árbol, lo miro sonriendo mientras mis esquizofrénicos ojos se llenan de lágrimas. Y me burlo de mi, y golpeo mis mejillas, y me muero lentamente mientras arrastro mi espalda en la corteza del árbol que comparte mi dolor, sollozo y me lamento de haber nacido como hijo de Marte, por no conseguir el amor por el estúpido hecho de tener el mismo sexo del ser al que amo.
Morrigan
Si te gustó más del tema, te invito a seguir leyendo; artículos relacionados.